Angelo Pierattini se define como un trabajador y sin duda que lo es. Un guitarrista y compositor apasionado, lleno de inquietudes, que desde pequeño tuvo claro que la música era lo suyo. Además de ser el frontman de una de las bandas de rock más consagradas de nuestro país, Weichafe, también ha desarrollado una carrera solista que se equipara a la carrera de su banda en cantidad de publicaciones. Está haciendo un programa de radio que se llama “Que viva el rock and roll”, musicaliza películas y está ahora concentrado en el futuro de Weichafe, que muy pronto se radicará en México. Antes del viaje nos juntamos en un café con Angelo, un tipo sensible, un poco tímido, pero de convicciones, quien nos reveló la historia tras su pasión por la música.

 ¿Por qué decidiste ser músico y qué significa para ti?

 La música es lo único que se hacer, no se si la elegí en algún momento, pero me di cuenta de que me servía mucho para relacionarme con el mundo. Cuando chico era súper tímido y cuando empecé a tocar, tuve conexiones con personas, tener algo de qué conversar o poder entrar a un lugar con menos vergüenza que antes, ¿cachai?          No solamente en los escenarios sino en todos los ámbitos, en cuanto a ser alguien. La música me hizo tener una identidad dentro de mis relaciones humanas.

 ¿A qué edad descubriste que la música tenía un lugar especial en tu vida?

 Como a los cinco años. En mi casa siempre había música, mi viejo tocaba guitarra, llegaba gente  a mi casa y todo giraba en torno a la música. En mi casa habían muchos vinilos, de diferentes estilos. Aparte que me conecté con la música desde el desprejuicio y nunca me rebelé en mi casa con música, porque lo que me gustaba estaba ahí. Mi viejo siempre llegaba con discos nuevos. Un día, cuando yo tenía como 15, llegó alucinado con un disco y era el Superunknown de Soundgarden, el año 1994, mi viejo era un amigo, él me mostraba música y yo le mostraba música.

 ¿Qué música escuchabas cuando niño?

 Siempre me gustó el rock and roll de los 50, cuando tenía como 5 años, habían 2 canciones que eran mis favoritas, una de ellas era “Twist and Shout” en la versión de los Beatles y la otra “El Twist del Tren” de Sergio Inostroza. Eran discos de 45 pulgadas y los ponía una y otra vez. Nunca voy a olvidar un cassette de Chuck Berry que escuchaba todo el día cuando estaba en séptimo mientras todos mis compañeros escuchaban Metallica. Hasta el día de hoy me fijo primero en el baterista, la parte rítmica es la que más me atrae al escuchar una banda o una canción, después pongo atención a la parte melódica”, dice Angelo, quien debió tocar guitarra, porque no había posibilidad de tener una batería en casa.  De hecho fue por una enfermedad al pie, que debí pasar un mes en casa, por lo que comencé a tocarla para no aburrirme. La batería era muy cara por eso de chico siempre supe que no la iba a tener y recién el año pasado me compré mi primera batería. Ha sido una constante en toda la música que he hecho, siempre he sido bien jodido con los bateristas, siempre tengo propuestas para la batería porque es lo que más escucho en una canción. De hecho mi intrumento (la guitarra) no es lo que más escucho en una canción.

 ¿Qué tipo de música escuchabas cuando comenzaste a crear música?

 La verdad es que mientras mis amigos escuchaban Metallica, yo estaba mucho más metido en la música de los sesenta, como Scream o Jimi Hendrix,  De hecho a los 20 años recién conocí a Black Sabbath, que era como lo más pesados para mi. Pero una cosa era lo que me gustaba escuchar que era distinta a la que me gustaba tocar.  De hecho el rock era más bien cómo me gustaba sonar, aunque nunca me predispuse a hacer rock, pero fue lo que salió no más cuando no juntamos con Marcelo (da Venezia) para armar la banda Weichafe. Entonces me di cuenta que como compositor me gustaba sonar distinto a la música que me gustaba oír. Y con el rock se produce una cosa energética sobre el escenario que no me pasa con otra música. Cuando armamos Weichafe, la premisa fue hacer algo distinto a lo que nos gustaba a cada uno. Marcelo es metalero más duro, entonces buscamos algo tercero, a ambos nos gustaban los Beatles y Black Sabbath y solo haciendo música llegamos al sonido de Weichafe. Y además, hasta el día de hoy me pasa que sospecho un poco de las modas. El grunge lo escuché más tarde, y así me tomo un tiempo antes de acercarme a la música que está sonando. Siempre dudo de lo que pega en los medios vertiginosamente, de hecho de niño que me pasa eso.

 ¿Y por qué crees que te pasa eso de desconectarte del mainstream?

 Hay cosas tan interesantes como las que me están mostrando. Me gusta explorar la música por lo que es.

Mi carrera solista de hecho la basé básicamente en mi gusto beatle, la hice más relacionada a mis gustos de cuando niño. Me di el gusto de hacer canciones en formato más canción.

 En cuanto a la composición, ¿eres autodidacta?

 Soy autodidacta, pero tomé clases de música en la SCD, tuve la suerte de tomar clases con Luis Advis el año 1995 y 1996. Nos enseñó cosas increíbles, como por ejemplo cómo se armó la Cantata Santa María. El era un viejo que venía de la música clásica.  El tipo se encontró con Violeta Parra y ahí como que se le dio vuelta la cabeza, pensó qué hacía en la música clásica si era latinoamericano, así que se metió a full en el folclor y en la música popular. De hecho la mitad de sus clases eran canciones de los Beatles, con progresiones de acordes, pero lo increíble era que tanto Beatles como Beethoven, Wagner y Violeta Parra eran iguales para él, la diferencia estaba solo en los contextos. Y a mi me pasaba lo mismo, yo en mi casa escuché Led Zeppelin, Ruben Blades, Rolling Stones, Violeta Parra, Inti Illimani y hasta Alanis Morrissette y Eros Ramazzotti. Mi viejo compraba todos esos discos, si estaba bien hecha la música no importaba el estilo. Y para mi era lo mismo, no habían prejuicios. Y eso es lo que se ve hoy en día con las nuevas generaciones.

 Otro maestro fue Carlos Corales, que me hizo clases como a los 15, un maestro que vivió en Nueva York en los setenta y vio a todas las bandas que me gustaban a mi, a Elvis Presley, Led Zeppelin, a los Who, los vio en vivo, estuvo en el concierto de Bangladesh y actuaciones tan increíbles como George Harrison con Bob Dylan tocando juntos. Y para él, eran bandas igual que nosotros, se pifian, solo que están en otro mercado, y son buenos. Fue la primera persona que conocí de la industria de la música y él me enseñó que la música es muy fácil de transitar y conocer. El fue mi mentor en todo, fue autodidacta que es el camino que yo escogí.

 ¿Cuáles son las ventajas de la formación académica versus la formación autodidacta?

 Lo que pasa es que ha habido un cambio, las bandas de los noventa eran demasiado tiesas, pensaban demasiado en la estructura dura, cachai? Pero ahora siento que han salido un montón de cabros de diferentes escuelas que son mucho más orgánicos. Pero pienso que somos complementarios los autodidactas con los de escuela, son visiones bien distintas, de hecho a mi me ayuda harto juntarme con músicos formales porque me resuelven de repente cosas, como armar un ensamble de bronces por ejemplo, el tipo que sabe lo hace en dos tiempos…Entonces él me da las coordenadas para que yo lo pueda armar, eso no lo se directamente porque nunca lo he estudiado.

 ¿Y cómo ayudan los autodidactas a los académicos?

 Para los músicos formales, ayuda la experiencia del autodidacta, sobre todo en encontrar un beat, el pulso, el de un autodidacta es diferente porque se relaciona más con el folclor, no va tan “a la pata”. Es como comparar la música europea con la latinoamericana. La europea se puede transcribir en una partitura, pero la latinoamericana es mucho más difícil, porque hay algo medio indescifrable en una cueca por ejemplo. Hay un beat interno que lleva cada uno, que hay que sentir.  El autodidacta maneja  ese pulso con una cierta imperfección, un beat tirado para adelante o tirado para atrás un poco, eso no es manejable, pero si adaptable. Es una intuición bien fresca que es necesaria. A mi me gusta mezclar un poco las dos cosas.

 ¿Cómo sientes el nuevo disco de Wiechafe, “Mundo Hostil”?

 Es un disco que se entiende de una pasada, lo cual es importante para lo que estamos diciendo, Paco simplificó mucho las cosas, trabajó con la esencia de la banda, y quedó Mundo Hostil.

Por primera vez trabajamos con un productor, íbamos a tener a Alain Johannes de productor, pero no pudimos coordinar nuestros tiempos. Luego, tras tocar con Molotov en Festival Charco en el Caupolicán, entre conversa y conversa decidimos que Paco Ayala sería un muy buen productor para este disco. El era justo lo que necesitábamos para esta etapa: simple, directo y latinoamericano.

En este disco participa Roberto Ugarte en la batería, ya que se fue el “negro”, el batero (Mauricio Hidalgo). Solo dijo “me voy”, tenía otros intereses y nosotros en esa urgencia tuvimos que atinar rápidamente y apelamos a lo más cercano, al espíritu de la banda que era no buscar músicos de sesión ni hacer castings grandes, sino que buscamos entre los más cercanos. Ahí llegó Roberto Ugarte, que ha sido un fan de Weichafe desde chico.

 ¿Qué sonido buscaron plasmar en Mundo Hostil?

 Invitamos a Ricardo Mollo, que consolida esta comunión latinoamericana dentro del disco. Tener estas piezas claves del rock en español, uno como productor y otro como invitado, primero es un lujo y un honor para nosotros ya que los admiramos y además resume lo que desde un principio hemos transmitido en nuestra música: rock en castellano que tiene como tópico la realidad latinoamericana común.

 Están sonando cada vez más en radios y hoy son una banda consagrada ¿Cómo están viviendo como banda este momento de popularidad?

 Nosotros no es que seamos anti-mainstream, solo que hacemos música que no tiene que ver con el mercado más pop o radial, pero me encanta lo que está pasando. Qué mejor que compartir tu música, nosotros nos dedicamos a esto cien por ciento cachai, entonces, qué mejor que vaya mucha gente y entender este tránsito a lado del camino oficial, pero que de repente se vuelva oficial.

Es cumplir un sueño nuestro de popularizar una música que estaba muy segregada cuando nosotros comenzamos a tocar, todavía tiene una segregación, pero para nosotros es la raja, también por todas las otras bandas que están tocando, por los festivales que puedan venir y por toda la música chilena que  está sonando. Esta aceptación tan calurosa es el sueño de cualquier banda.

 ¿Cómo va tu carrera solista?

 Me va bien como solista, hay gente muy fanática, hay como una energía muy similar a Weichafe, pero es otro público igual, muy cariñoso, que se sabe todas las canciones, es bacán, pero aún se encamina hacia un lugar más seguro. Necesito tocar en más lugares, sería bueno tocar en festivales y marcar hitos más grandes. Lo que pasa es que con Weichafe me queda poco tiempo y se absorbe mucha energía, pero lo estoy pasando bien.

 ¿Se quedarán a vivir en México de forma definitva?

 Bueno, en abril del próximo año (2017) iremos a vivir un tiempo a México con Weichafe. Es una gran escena y nos da muchas posibilidades de crecer como banda.

 

 

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